El horno de la Cruz Verde volvió a echar humo el 21 de
Agosto de 2004. Este hecho, antaño algo habitual en un barrio y un pueblo
alfareros por excelencia, fue entonces y sigue siendo hoy por hoy todo un
acontecimiento ya que sólo se viene haciendo una vez de año en año. Este horno,
símbolo persistente de la identidad cultural cantarera de Mota del Cuervo (Cuenca) desde tiempos remotos, que perteneció a
Román Cruz (conocido como “Gorra”), se volvió a llenar de cántaros.
Claudia Moreno Guerrero es la cantarera. Ella ha recogido el
testigo de muchas generaciones de familias cuya economía estaba estrechamente
ligada al quehacer alfarero. Claudia, junto a su hijo Alfonso fueron los
encargados de dar vida a un nuevo reo de cántaros, cuyo destino será la venta
en su domicilio a coleccionistas, turistas o a todas aquellas personas que
gustan en tener en su casa una pieza de cerámica
típicamente moteña. Son cerca de 100 las piezas que la cantarera puso a
cocer, “el trabajo de todo un año”, dijo. “Hoy en día el oficio de cantarera no
deja apenas dinero, se gana muy poco, ni siquiera en las ferias donde encima
tienes que pagar por ir”, dice Claudia mientras explicaba junto a su hijo
Alfonso las ferias que han recorrido durante años. El horno que antes se
cargaba con barda, lo llenan ahora con sarmientos de vid debido, según explica
Claudia, a que “el bardar que estaba junto a la Carrasca se secó hace ya
tiempo”.
Evelio Cruz, experimentado alfarero que recogió el testigo
de su madre Dolores o el jovencísimo Rubén Cano, son dos de las personas que
junto a Claudia Moreno siguen la brecha, llevando el oficio cantarero por sus
venas, “ademán mimoso de ternura” como calificó Rafael Mazuecos el trabajo
alfarero, en 1972 en uno de sus estudios sobre las tradiciones manchegas.
El horno que se encendió el 20 de agosto, una vez apagado se
deja unos días hasta que baja la altísima temperatura y se pueden sacar los
cántaros.


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